viernes, 2 de noviembre de 2012

PASIÓN NOCTURNA


Viernes por la noche, el cielo obscurece y las calles comienzan a llenarse de luces artificiales.
La ciudad de México no duerme. Algunos comercios cierran sus puertas mientras otros establecimientos las abren de par en par, impacientes por recibir a todos aquellos que han tenido una semana estresante y están deseosos por liberarse de esa rutina.
Esa típica frase comienza a tomar vida: “Vámonos de antro, hoy es viernes social”. Antro, esa denominación que se le da hoy en día al lugar en el cual los jóvenes suelen socializar y divertirse.
El tema de los antros es de gran importancia para la sociedad. De todos los centros de diversión, existen tres tipos de establecimientos importantes para entretenerse y pasar un rato agradable con los amigos: el cine, los centros comerciales y los antros. Estos últimos se encuentran en la cúspide.
Generación tras generación han existido lugares en los cuales la juventud pueda expresarse y desinhibirse, convivir con personas afines a ellos. En los años 60 existían los llamados Salones de baile, en los 70 Cabarets y Burdeles, en las décadas 80 y 90 discotecas, y fue en el 2000 cuando comenzó a utilizarse el concepto de antros.
En la Ley de Establecimientos Mercantiles del Distrito Federal, en el artículo segundo fracción XVI define a los establecimientos mercantiles como: local ubicado en un inmueble donde una persona física moral desarrolla actividades relativas a la intermediación, compraventa, arrendamiento, distribución de bienes o prestación de servicios, con fines de lucro.
No todo es tan maravilloso como aparenta. En la historia de los antros han existido tragedias que han marcado su historia y dan pauta para evolucionar. Recordemos aquel suceso que cambio esa noche de luces y brillos en una calor torturante lleno de alaridos de miedo y dolor.
En aquel incendio que sufrió la renombrada discoteca “Lobohombo” murieron alrededor de 20 personas y 30 resultaron heridas. Este incidente provocó que se diera más importancia a las medidas de seguridad en cada uno de estos sitios. Se buscaba que estos lugares tuvieran mayor número de salidas de emergencia y extintores.
Se han escuchado noticias desagradables relacionadas con este tipo de clubs nocturnos en las cuales hacen operativos los cuerpos policiacos, con la finalidad de comprobar que todo se encuentre bajo control. Pero lejos de tomarse como algo preventivo y seguro para los civiles que se encuentran divirtiendo, se toman como amenaza para ellos y para los dueños de este tipo de lugares.
Un hecho reciente de tragedias en antros es el sonado caso del jugador paraguayo de las Águilas del América, Salvador Cabañas, quien sufrió un atentado el pasado 25 de enero, en el reconocido antro llamado “Barbar”. Tal incidente sucedió fuera del horario establecido por la Ley de Establecimientos Mercantiles del Distrito Federal, lo cual causo un gran impacto en ella y por esa razón decidieron reunirse diputados y cenadores para tratar ese problema y darle solución.
Un dato curioso es que tanto en la tragedia de “Lobohombo” y el “Bar bar”, los dueños de dichos establecimientos tienen una estrecha relación con lo sucedido. En el primero, resulta que el dueño tenía otros tres establecimientos similares y logró darse a la fuga, además de conseguir un amparo que le protegía de cualquier intento de aprensión.
En el segundo, se sabe que el dueño del “Bar bar” tenía negocios con Televisa; y a ésta le era bastante incomodo tener que compartir algunas de sus ganancias. Por lo cual se tiene la hipótesis de que lo sucedido fue provocado para que la reputación del empresario se ensuciara.
La propuesta principal de la asamblea de la Ley de Establecimientos Mercantiles fue la de reducir el horario de salida de los antros, que en lugar de ser a las 5 de la mañana fuera a las 3:00 am, y que media hora antes dejen de vender bebidas alcohólicas. Esto provocó que dueños de este tipo de establecimientos y trabajadores realizaran una marcha en contra a esta propuesta, pues les causaría daños a su bolsillo y generaría recorte de personal.
Es notorio que este tipo de asambleas surgen para reformar la ley surgen después de un accidente lamentable. Y lo peor de eso es que dejan de lado cosas verdaderamente importantes. El uso del alcoholímetro ha ayudado a disminuir los accidentes, y el cerrar estos establecimientos más temprano provoca que tomen menos. Pero ¿qué hay de la venta las bebidas adulteradas y la inseguridad que existe?
La delincuencia que vive el país hoy en día ha roto esquemas, y no es algo que se diga con orgullo. Uno de los problemas más comunes son los asaltos que sufren las personas cuando salen de los antros. Esto se debe, además de la inseguridad, al consumo excesivo de alcohol. Además muchas veces no es alcohol puro lo que consumen los clientes, porque se han dado casos en los cuales las bebidas son adulteradas y provocan daños físicos severos en los consumidores.
La venta y el consumo de drogas en este tipo de lugares es algo que se ha vuelto común y, aunque es ilegal, no se hace mucho por evitar que pase. Es común estar en un sitio de estos y notar que algunos jóvenes se drogan y que incluso ahí es donde pueden conseguir la droga. 
El alcohol y el tabaco son productos nocivos y se relacionan con adicciones. Es por eso razón que parece ridículo que en establecimientos de diversión como los antros prohíban fumar. En casi todos se ve a la gente amontonada en una pequeña terraza fumando y soportando el frio de la madrugada. Cuando el alcohol puede ser igual o más dañino para la salud. Si una persona quiere alejarse de eso seguramente preferiría tomarse un café o ir al cine en lugar de un antro.
Aunque los antros no sean el mejor lugar para socializar, ni para distraerse es el lugar más asediado por los jóvenes en la actualidad. El mayor anhelo de los que están a punto de cumplir su mayoría de edad. Por esa razón, sería conveniente que los diputados y senadores pusieran mayor énfasis en los problemas que rodean a este ambiente, tomando en cuenta propuestas de los mismos consumidores para así evitar desgracias y permitir una convivencia saludable y segura, en la medida de las posibilidades.

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