viernes, 2 de noviembre de 2012

SÓLO QUERÍA BESAR A UNA MUJER


Desde los cinco años, una gran cantidad de pesadillas atosigaban sus sueños. Noche tras noche, su inconsciente traicionero ponía en sus sueños distintos tipos de besos con alguna mujer.
Toda la vida había demostrado un particular gusto por el deporte, principalmente el fútbol y la natación. Sus juguetes favoritos eran pistas de coches, muñecos de acción y súperheroes. Sus caricaturas favoritas se caracterizaban por ser de ficción y fantasiosas.
A pesar del disgusto de su madre, siempre usaba pantalones de mezclilla y tenis deportivos. Las pocas veces que llegó a usar un vestido era bajo la condición de obtener algo a cambio.
No es bueno que una niña sea tan ruda” eran las pablaras que escuchaba de su padre. De cierta manera, su mamá la defendía al decir que no tendría que cumplir con los estereotipos de hombre o mujer. Ella, su hija, tenía la libertad de interesarse en el deporte que quisiera y vestirse como mejor se sintiera.
Al pasar unos años, ella se preguntó si su madre seguiría pensando lo mismo ahora que su hija tiene una relación amorosa con otra mujer. La historia comenzó cuando aquella mujer se dijo “yo sólo quiero besar a una mujer”. Iba en segundo semestre de la licenciatura y ahí conoció a su actual pareja, con quien congenió desde el primer momento.
Todas las noches interactuaban vía internet hasta altar horas de la madrugada, cada viernes salían a divertirse junto con el mejor amigo de su amiga, quien, cabe mencionar, es homosexual.
Esos sueños de infancia resurgieron en su inconsciente, y se exacerbaban al momento en que estaban juntas. Entraba en un momento de confusión, todo el tiempo reprimió su preferencia sexual, debido a que sus padres son fervientemente católicos, por ende defendían el pensamiento equivoco de que la homosexualidad es una aberración antinatural.
Sin embargo por más que intentaba reprimir aquel deseo, salía a la luz en cuanto estaba cerca de ella; su olor, su sonrisa, su mirada tierna y su coquetería implícita despertaban eminentemente sus sentidos.
Aquel día, después de tantos sentimientos encontrados y llenos de duda y temor, no tuvo más remedio, tomó una decisión y se dijo “quiero besar a una mujer, y lo voy a hacer”, ya no aguantaba esa tortura de minimizar su verdadero sentimiento, y así fue.
Esa noche de viernes salió a dar un paseo con sus amigos, entre ellos aquella chica que le robaba suspiros. El plan era salir un rato los tres y después buscar alguna mujer dispuesta a terminar con la curiosidad.
Al transcurrir el tiempo, y con la fiesta encima, comenzaron a jugar verdad o reto, y el momento tan esperado se acercaba latente cada que les toca cumplir su reto, el cual era darse un beso.
Desesperada, miedosa, indecisa, ansiosa, y deseosa de sentir sus labios, se frustró con aquel primer toque ya que fue muy rápido, escurridizo e insípido. Por ello no pudo evitar decirle “besas muy mal” palabras que delinearon su destino.
Su amiga se ofendió, se molestó y le advirtió que nunca antes nadie se había quejado de sus besos, así que a esto, ella respondió sarcásticamente “nadie ha sido sincero contigo”, y para salir de dudas acordaron darse un buen beso, que resultó ser más que bueno.
Ella deslizó sus suaves dedos por su cuello, lo sujetó con fuerza y se acercó poco a poco a ella. Humedeció sus labios delicadamente y los entrelazó con furia y pasión. Dóciles mordisqueos dieron pauta para que hicieran contacto sus leguas.
Después de éste gran beso aquella mujer se quedó atónita, perdió el control de sus sentidos, lo que tantos años se jactaba de someter terminó por someterla y, para su fortuna, ahora aquellos sueños que tanto la atormentaron, ya tienen rostro y por el contrario le brindan una sensación de amor. 

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